domingo, mayo 29, 2016

Jugar

Solemos evitar sentir nuestra realidad.
Ah si?  (shhh! casi siempre, es un secreto)

Solemos entregarnos a mundos imaginarios, donde somos capitanes de barcos inmensos, atravesando un sin fin de aventuras amables, disfrutamos observar nuestra sonrisa y nuestra convicción de que si alcanzamos todo aquello entonces si seremos felices. Todo esto, lo "pensamos" acostados en nuestro sofá, al final de un día que no tuvo tanto sabor como hubiésemos querido, pero bueno, tal vez mañana si lo tenga y entonces....y entonces otra vez nos descubrimos en este juego de "evitarnos". Sin darnos cuenta hace rato que somos dos, "el que piensa" y "el que vive lo que pensamos". Pero ninguno de ellos somos nosotros mismos! Para cuándo dejar esta dualidad que no nos lleva a ningún lado y menos a disfrutar el momento en el que estamos?
Disfrutar el momentooooooooooooo. (léase como una constancia, el momento-instante que es el único momento presente) no estoy hablando de, soy feliz porque me contestó el whatsapp, o porque conseguí trabajo o porque algo pasó en el pasado que me hace feliz ahora. No es muy contradictorio? Entonces qué estamos haciendo? vamos al pasado a buscar eso que nos "hizo" felices para perpetuarlo en el presente , pero sin darme cuenta evito "vivir" mi presente, se entiende? No importa. Les cuento algo mejor.

He evitado a lo largo de mi vida mi soledad, porque yo "creía", que era muy desolada, muy triste y aburrida por decir alguna cualidad. Me había consolidado a la idea que ser exclusiva a un otro me salvaría de sentirme en soledad. Pero ella no quiso evitarme y me invitó otra vez a transitarla. OK, dije, acepto, me entrego al vacío.
Y pasa el tiempo y aun sigo esperando "sentir" ese vacío. Qué vacío si la soledad está "llena" de instantes?
La soledad es una señora baldeando la vereda, un chico que bebe agua de una fuente luego de un paseo en bicicleta, un perro olfateando el trasero de un otro, una mirada fugaz, unos árboles inmensos que nunca había visto, que me paren por la calle y me pidan un cigarrillo en inglés. La soledad me encanta! La soledad está llena! Y a mis 40 años vine a darme cuenta? Sí, a mis 40 años me animé a animarme a enfrentar una de mis tantas creencias que me tenían agazapada en el sótano de mis posibilidades. Salir de mi zona de confort, lo llamo.
Y lo más curioso es que cuanto más en compañía estuve a lo largo de mi vida, más sola me sentí, o mejor dicho no me sentí tan en paz. Quizás porque tenemos tanto miedo de perder esa compañía que nos "protege" de sentirnos "solos", que al final no nos damos cuenta lo "poco" que estamos viviendo, no vaya a ser que si vivimos intensamente perdamos ese"otro". Ahí es cuando me di cuenta que me estaba evitando. A mi propia vida. Qué curioso.
Somos un devenir de experiencias. Quizás me he dado cuenta que animarse a vivir los miedos es tan sólo abrir puertas para continuar experimentándonos, a través de nuevas experiencias. No somos estáticos, por lo tanto puedo saberme una alumna en constante movimiento y en diferentes escuelas.

Es tan fuerte descubrir nuevas formas de ver la vida que se necesita un descanso para poder aprehender todos los sucesos que van apareciendo. Necesité ausentarme del mundo pero no de mí, y eso sí que es interesante. Y mis miedos aparecen (qué curioso) intentando retenerme para volver a aquello que me daba más seguridad. Pero cómo? no estás dibujando? Qué pasó? Se terminó tanta inspiración?
Tranquila.
Estoy respirando estos nuevos aires, y estoy comprendiendo con mi mente finita que para poder crear constantemente debo de olvidarme de misma, debo dejar de ser un sujeto importante al cual le "pasan" cosas. Al cual le ponen likes en Facebook o en Instagram porque "les gusta" lo que dibujo.
Estaría intentando ser. Pero claro, eso no se intenta. Se es o no se es.
Entonces no sólo la soledad fue la protagonista en esta historia. Mi hijo Camilo de 7 años me enseña con esa pureza maravillosa que tienen los niños que para jugar en la vida tenemos que estar presentes, y que para estar presentes debemos de alguna manera olvidar el adulto que somos y para olvidar el adulto que somos debemos olvidarnos de saber quiénes somos. WOW.
Cuando uno juega, no hay un YO jugando. Sino el JUEGO mismo. No hay sujetos. Esto se aplica para un juego con legos, pelotas, mundos invisibles o para la VIDA misma.
Hoy me toca transitar este aprendizaje, y lo agradezco amorosamente y no veo la hora de jugar. Puedo comprender porqué los niños sólo quieren jugar. Qué maestros! Porque de eso se trata vivir. Ahora mi trabajo es encontrar esa niña que dejó de jugar hace rato. Porque hubo un momento que no supo cómo. Y quisiera recuperarla y construir el puente que alguna vez se rompió entre su edad adulta y su infancia. Tal vez mis padres no supieron cómo perpetuar el juego, porque a ellos tampoco les enseñaron. No importa. Importa que no quiero que mi hijo se olvide de jugar. Nunca. Esa es mi tarea que mágicamente es la respuesta a mis propios acertijos. (claramente cuando uno se formula una pregunta es porque la respuesta no está lejos).
Y al final me pregunto, y para qué escribo? Es que no lo sé. No tengo la más mínima idea. Tal vez es mi forma adulta de jugar, enterarme de las cosas a través de lo que me cuento, para mañana o incluso hoy siquiera olvidarlas.
(Sólo sé que cada vez menos sé. Me lo sopló Sócrates, él si que sabe)


;)

C.




viernes, marzo 25, 2016

Porque te dan ganas de escribir nomás.
Porque es tan espeso el silencio que parece que alguien te susurrara al oído estrofas que no terminan nunca. Pero terminan cuando empezás a escribir. Y entonces, ese grillo que ahora lo escucho y los perros, qué no sé que les pasa, me distraen o me atraen hacia mundos nos tan lejanos pero conocidos. Una noche más, una segunda noche de esas que no te vas a olvidar nunca. De un verano que se va, de una tormenta arrepentida y una luna que no deja de amenazarnos atiborrada de luz y de eclipses y equinoccios y todo es tanto que no alcanzo a ponerme al día o ponerme certera quizás (el estado de incertidumbre en realidad puede no ser feliz como serlo) Es como un estado intermitente entre el pasado y el futuro. Me quedo en el presente, en mi piel, con todo lo que somos hoy, ella y yo y estamos bien.
Dale, seguí caminando, ya te dije, no mires atrás, valijas a medio hacer para llegar a ningún lugar, para seguir viajando, para hacer y deshacerlas una y otra vez y tal vez cambiar de atuendo, cambiar para darme cuenta que sigo siendo la misma, sólo eso. Que no es poco. Y me gusta. Respirar profundo como si nadie me viera, sin pedir permiso, sin ser registrada. Sin dar explicaciones, ni excusas, ni respuestas. Porque sí. Porque ahora la libertad la respiro entera, y es mía, y porque si antes no lo sabía, ahora lo estoy aprendiendo de a poco. Y qué? soy esto. No está ni mal ni bien. Esos pasos que aún o di, me despiertan curiosidad y euforia. Una página de cualquier color, me da igual si total tengo todos los pigmentos para trazar la realidad que quiera. Un fuego, un vino, más grillos, la luna que me espía de cerca y estrellas muchas...los perros?
En silencio,
como yo.





domingo, marzo 13, 2016

Being aware



Estar conscientes de la sombra, no es tarea fácil. Qué significa estar conscientes y qué la sombra. Estar conscientes es tan sólo saberlo y no olvidarnos de ello. Y la sombra quizás es un poco más complicado. A diferencia de lo que se cree que la sombra es "lo malo", "lo oscuro", "lo oculto", para mí la sombra es simplemente esa parte de nosotros que desconocemos, que ignoramos, que de alguna manera perdimos conexión, y es una información vital para nuestros caminos. Esta información a veces se presenta en las relaciones. Va, casi siempre. Los vínculos nos llaman a integrar eso que hemos dejado de lado, eso de lo cual renegamos, rechazamos e incluso sufrimos en silencio. Integrar virtudes e integrar eso que llamamos defectos, miedos o fragilidades.

El enamoramiento, calculo que invita a entrar en el mundo del otro con la capacidad de sortear aquello que aún no puedo ver de mi misma/o. Por alguna misteriosa razón hemos decidido de antemano que nos queremos "querer" un poquito más. Hemos tomado la decisión de amarnos a nosotros mismos a través de la mirada del otro. Un otro que nos diga cuánto valemos, qué brillantes somos y que especiales parecemos frente al mundo. Bravo. Es el primer paso para acercarnos a nuestra sombra y nuestro amor propio. Una vez que estamos "a gusto", de a poco dejamos entreveer nuestras heridas, o no. Depende la capacidad de entrega, de confianza y de ganas de integrar estas "partes" oscuras que tanto tememos. Cuanto más uno tiene ganas de sanarse, más profunda la entrega. Pero claro, corremos el riesgo de que una vez que decidimos saltar al vacío no estén los brazos de nuestro amado esperando a por nosotros. Grave desilusión. Pero es el riesgo que tomamos los que queremos saltar. Los que queremos seguir conociendo eso que somos. De alguna u otra manera estamos transitando el camino que deseamos y buscamos. Encontrarse con la sombra puede tener el sabor de una sorpresa, una desilusión donde había espectativa, un dolor donde suponía haber felicidad garantizada. El otro nos trae información, antes de juzgarla, hay que degustarla, digerirla, y observar qué nos provoca, porqué nos provoca y porqué nosotros autorizamos a esa energía que nos provoque algo. 
Sospecho que a veces le damos poder a ciertas situaciones, personas, escenas, palabras o actos con tal de evitar descender a los recónditos suburbios de nuestro ser oculto. Pero todo tiene un tiempo de cocción y los ciclos y experiencias aunque se repitan van iluminando el inconsciente abandonado. 

Vamos ascendiendo en una espiral, pero ascendiendo al fin. Y en cada ciclo se nos va aligerando el equipaje. A toda la humanidad. Con más o menos consciencia, que se traduce en "con más o menos dolor", a cada uno de transitarlo según su modus operan di.
 
A veces despegarse un poco del suelo y mirar las situaciones desde arriba nos permite abarcar un todo un poco más congruente, mirar el viaje que transitamos sin tanto juzgarnos.
Entonces, aparecen las ganas de elevarse, y contemplar todo desde otra perspectiva. Mirarnos a nosotros mismos en el mar cual un fueguito, como dide Galeano.  Y pasamos a ser una vida entre tantas otras, intentando entender esto de la sombra, esto de vivir y ser, esto de amar y no desdibujarse en el intento. Esto de ser felices. Quizás cuando dejemos de buscar la felicidad, entonces seremos lo que somos en este instante, ahora, con nuestro equipaje a cuestas, nuestros ovillos desobillados y nuestras sombras jugando a las escondidas. 


 -higher perspective-
 


C.

sábado, marzo 12, 2016

viernes, marzo 04, 2016


¿Te conté de mi nuevo jardín? Me parece que no, vos viste, yo no soy muy ducha para esas cosas, pero ya ves, las vueltas de la vida, hoy me encuentro regando jazmines como vos, a esa hora especial cuando baja el sol, y manguereo por acá y por allá, mientras Camilo me mira y se distrae hasta que llega su hora, y mi hora, para relajarme y tomar una cerveza, o un mate da igual, y miro el jardín y pienso en tu jardín siempre tan lindo tan amable, tan de todo el mundo.
Y acá sigue haciendo calor, y a veces voy a la playa, cuando el sol no está tan fuerte, me pongo el portabebé y salimos con Camilo al mar, que tanto le gusta y a mí me gusta ponerle ese traje de baño mini, y nos metemos en el agua y él se pone tan feliz, esté fría, caliente o congelada, le encanta. Y me acuerdo de vos también, cuando me contabas que en Europa todas las mujeres hacen topless y me río, porque no son top models, son mujeres enormes que no les importa ventilar sus tetas, estén en forma o decaídas, pero orgullosas de broncearlas, y así es Marsella, que no es Saint Tropez, pero me voy amigando, con el mar, las montañas y los jazmines.
Y espero que te traten bien, y que descanses mucho, y ya verás las fotos de Camilo, con su equipo de playa y sus ojos azules, tan lindo él, tan morfable. Y espero que edites tu tercer libro, porque quiero leerlo y porque quiero verte feliz, de esas felicidades que son de uno nomás, y me da tanto orgullo, de esos orgullos que son de uno nomás, que son para mí, para mi biblioteca, con los libros de María Alicia Di Tella, mi super mamá.
Te quiero Ma, hablamos mañana.

Mientras

se hace la comida pienso en vos. La heladera tiene un bip que si dejás abierta la puerta, suena a los 15 segundos. Está bueno.
Escucho Vivaldi como quien sintoniza la metro. Me desconozco. Y me gusta. Desconocerme y Vivaldi.
Hoy fui a terapia. Qué bueno. Estoy atando más cabos de lo que creía. Y eso que soy madre y mi cerebro tiene cupo limitado.
Así estoy, atando cabos, cabitos, recordando como me ataba los cordones y cómo el pelo. Y desatando nudos de esos tan viejos que dan somnolencia. Pero cuando empezás a ver que la soga sede y el pasado ya no es tan pesado, inmenso alivio te diría. Y te lo digo.
Inmensa tu alma.
A veces la tenemos olvidada, en una infancia incierta o una adolescencia complicada. Lo que sea, hay que siempre animarse a buscarla. Es el preámbulo de nuestras vidas.
Y hay que animarse a ponerse blando, a pelar la vulnerabilidad con el pela papas del miedo. Da miedo quedarse desnudo de miedos. Qué zonzos somos.
Me pongo derecha de vez en cuando. Cuando me doy cuenta que estoy tan poco erguida que mi pecho ahoga palabras.
Respiro un piano que según dice mi lista de Itunes es de Chopin. Qué poco sé de música clásica, y qué preciosa. Intensa y a veces complicada, es como un borbotón de emociones que te toman por completo. Y a veces no entiendo nada.
Me gustaría tener los dientes perfectos como las estrellas de Hollywood. Casi como que me convierto en actriz sólo para que me hagan la dentadura y después me vuelvo al rubro ama de casa. Y bien sonriente, claro.
Me gustaría que depilarse no doliera tanto.
Me gustaría que en los diarios existiese una sección de buenas noticias. ¿Tan mala es la idea?
Y me hubiese gustado que en vez de un mes mi marido se haya ido sólo por dos semanas.
Me voy a poner tan linda que cuando me veas en Ezeiza, me vas a pedir matrimonio otra vez, y yo, otra vez, me voy a enamorar de mi.
Dale, volvé, que ya no queda más tela pá extrañar.
©®

Propongo que los rulos se pongan de moda. O que no. Ya me da lo mismo.
Los rulos se oponen al lacio. El lacio necesita un brushing, planchita o antifrizz para ser lacio perfecto. Digamos entonces, que lacios perfectos hay pocos, y quizás a ellos les resulta aburrido serlo. Porque añoran una onda, un giro que desenvuelva esa frigidez capilar.
Es cierto que también existe gran variedad de rulos. Los rulos son complicados.
A los seis años sufrí tanto frente al espejo como ver a mi madre desenredándome el pelo. ¡Es que los rulos no se desenredan! Ellos nacen enredados y es esa la armonía que los sustenta. Pero mamá no lo entendía de esa manera.
Cuando mi madre se dio cuenta que en la cabecita de su bebé asomaban rulos, literalmente se estresó. Bueno, era una condición muy común en ella, pero los rulos la involucraron en un dilema. El de cómo peinar a su hija para mandarla al jardín.
Desde que tengo uso de razón que los rulos me importan. Porque yo también me creí que tenerlos era un inconveniente y no un placer, como declaré años después.
Mi mamá tenía un problema frente al prototipo de pelo que no se arreglaba ni con crema de enjuague ni con esos peinados alisadores que me achinaban la cara. Y si era un problema para ella, también lo era para mí.
Los rulos son una referencia.
-¿Dónde es la cola para pagar?
- Ahí, detrás de “la de rulos”.
“Laderulos” pasa a ser un adjetivo casi sustantivo. No prevalece el color de la cabellera. Después de una fiesta se comenta ¿Y, qué te pareció la de rulos? Es como decir la rubia, la tetona, la petisa, la bizca.
-¿Nunca el pelo suelto, vos? ¿Por qué?
Hablemos del aumento de la lechuga. No me jodan.
Mis rulos comenzaron a mostrarse allá por el año 2000, en unas vacaciones en Brasil, más largas que unas vacaciones “normales” y que mi rutina. Porque ahí valía todo, y porque todo para mí era soltarme el pelo. Y confieso también, porque la sal y el mar ayudan a animarse.
Pasó el tiempo, y todavía con mi libertad a medias, en Barcelona, por esos trueques de la vida, mi rescate valió una vela. Un peluquero marplatense se ensañó con mi pelo y sus tijeras me revelaron lo que me estaba perdiendo. Desde ese día descubrí la Ceci que tanto añoraba y me abracé a ella como cada rulo se abrazó a mi. Casi como que tuve que disculparme conmigo misma por tanta negligencia.

- Me encanta como te queda el pelo atado!

Aún debo tolerar algunos comentarios de mi madre. 

Mi pelo es mi personalidad mamá. Los rulos son distintos a lo lacio, esconden en cada vuelta un misterio que se revela a quien los admire. Un enigma de tres dimensiones digno de pertenecer a lo distinto. Los rulos son amigos de lo espontáneo, lo alegre y lo que no se controla. Justamente eso mamá, lo que no se controla. Los rulos no existen para ser vigilados sino para dejarlos en libertad y que ellos expresen lo que se les antoje. Y no hay un rulo igual a otro.
Los rulos se aman o se odian, un rulo alisado no Es. Un rulo estirado, tampoco.
La prolijidad de madre es su enemiga, los cepillos sus mortíferos aliados.
Si me ato el pelo muy seguido, comienzo a preocuparme.
El rulo para poder Ser, necesita espacio, aire y libertad. Porque de otro modo serían rulos atados, rulos contenidos, rulos subjetivos. “La de rulos” ¡es sustantivo! Claro! Porque ellos son un sustantivo en sí mismos.
Me quedo tranquila, incluso orgullosa de mi cabellera leónica y desprolija. Que no se peina, que no usa secador y no necesita de un brushing para ir a una fiesta.
Eso sí, acepto cremas antifrizz y para cabello ondulado, porque soy coqueta y porque después de todo me gusta pertenecer al gremio de los cabellos “rizados”.
Y por Dios, que Camilo tenga rulos, y abundantes.
Gracias.
©®

Así, hoy.


Abro los ojos. 33. Treintra y tres y con un bebé que me despertó a las cuatro de la mañana. Y duermo hasta las 8. Me levanto, mi cuerpo guarda reminiscencias de aquellos dolores lumbálgicos. Auch. Bajo las escaleras y hay corazones por todos lados. Claro, 33. Y de fondo suena La Ritournelle, y me emociona, y ahí está el hijo y el marido, que me esperan y me muestran un regalo, así todo lleno de corazones, y me sigo emocionando. 33. Y es uno de esos aparatos para poner tu Ipod y escuchar música, porque hacía tiempo yo quería escuchar música, con mejor sonido que en la compu. Y me encantó. Y me emocioné. Porque soy mujer, porque mi hijo me miraba perplejo como entendiendo todo y mi marido me dijo tanto con sus corazones y sus ojos tan tiernos, y porque cuando hay amor estas cosas pasan. Que no falte. A pesar de los pañales, lo mal dormidos, los hijos ajenos, los quehaceres domésticos, los malentendidos matutinos y mi mal humor. Que no falte. Amor, humor y paciencia. Y mucha humildad para aceptar lo que no puedo. Eso. Feliz cumpleaños a mí.
©®2009

En Marsella

hace calor.
Mucho calor. En Marsella la gente grita para hablar y hablan en un francés extraño, cortado y punzante. Ahora entiendo porqué siempre dicen que Marsella no pertenece a Francia. De todas las ciudades que he conocido de este país, es cierto que esta es la ciudad que menos me simpatiza.
El mar es transparente, de un turquesa de fantasía. Los atardeceres se reflejan en las montañas rocosas y las bañan en un rojo enfurecido, hasta el anochecer. El cielo es limpio de noche, la luna es clara, las estrellas siempre brillan. Pero las playas, las playas son sucias. Porque la gente es sucia, y acá no hay turismo. Acá viven los marselleses nomás. Es una pena.

Las salamandras adornan las paredes de mi casa y las gaviotas se confunden con el llanto de Camilo. A Camilo no le importa Marsella, o la gente, o los gritos de la vecina a la hora de la siesta.

A Camilo le importan sus hermanos, bañarse en el mar, las caminatas en la montaña, sus mamaderas, y que su mamá y su papá lo quieran siempre.

©®

jueves, marzo 03, 2016


Se avecina el otoño. Días más frescos en este hemisferio. Las pasiones se van apagando como el sol y la templanza nos visita para quedarse. Anidar en uno, recomiendan, para después echarse a volar.

Bosquejos de un invierno incierto, pero cálido, eso espero.

Me acerco al momento de ignorancia más certero. Se van corriendo los velos y veo cada vez menos. La vida tiene mucho humor, los cambios son constantes, espero mi sonrisa también lo sea ante ellos.
Me vuelvo observadora. Humildemente, me vuelvo presencia en este instante.












C.

Red Panda / "carnet d'hivernation"

Ink+digital
©CeciliaReynal 2016

miércoles, marzo 02, 2016

jueves, febrero 25, 2016

lunes, febrero 08, 2016


-Out of the Blue-

 Elefante y garza
Serie AZUL #4 Tinta y retoque digital
©CeciliaReynal 2016

Siempre creí en la magia.

Y sobretodo cuando la vida me pone en jaque y me pide soluciones o tomar decisiones en un tiempo que no es el mío o que pareciera acelerarlo todo.
Me he encontrado más de una vez en estas situaciones donde pareciera que de repente la estructura en la cual vengo caminando plácidamente comienza a desmoronarse, se desvanece bajo mis pies y veo caer peldaño a peldaño el futuro que tal vez había proyectado, y me quedo inmóvil, haciendo equilibrio para no caer al vacío, reteniendo mi respiración y abriendo los ojos al silencio que me rodea como queriendo encontrar una respuesta a tanto desconcierto.

Otra vez? Sí Ceci, otra vez.

Y así, quieta, no tan perdida como otras veces, intento acallar la mente que cree saberlo todo y me entrego a sentir mi cuerpo que él también tiene cosas para decir. Y entonces, entiendo que no puedo escaparme de mí y debo abrazar el momento tal cual es y se presenta. Incierto. Y es ahí, donde me entrego a la magia de confiar en que siempre hay una continuación después de una crisis, que si me dejo llevar por las corrientes más amables de la vida, seguramente llegaré a buen puerto. Pero esta vez tomo el timón por las astas. No es cuestión de estacionar a la deriva. Puede ser que en altamar haya tormentas amenazantes, nieblas que cubran la luz del sol y lluvias frías de soledad y desesperanza. Pero si no me lanzo a la travesía, la travesía va a venir a buscarme en el momento más insospechado y me va a lanzar por la borda a un mar repleto de tiburones. Hambrientos.

Dios aprieta pero no ahorca, decía mi madre. Y fue una de las frases de la cual hice mi estandarte.


Alguna vez dijeron que el tiempo cada vez iba a ser más rápido. Que nuestro sistema horario cambiaría sistemáticamente con el pasar de los años, no puedo explicarlo ya que me faltan conocimientos científicos pero puedo decir que la aceleración de eventos que antes creía controlar es cierta. Algo así como que la materia se está moviendo al nivel de la mente, y todo aquello que pensamos se concreta súbitamente.  Si apenas rozo la idea de hacer un "cambio" a futuro, éste sucede en menos de lo que hubiese creído apropiado. El tema es que lo apropiado ya no cuenta, el universo puso primera y estamos todos inmersos en este torbellino de lo que podríamos llamar evolución. Así me siento, no digo que a todos les pase lo mismo, tal vez yo firmé otro contrato antes de encarnar y ando cumpliendo mi destino al pie de la letra.

Lo importante entonces,  ser objetiva y prudente con los pensamientos, pero por sobretodo ser honesta y coherente con mis emociones y esperar que la magia actúe y me invite a plasmar las ideas más nutricias que mi alma, generosa, me entrega.



À tout à l'heure.

C.

jueves, febrero 04, 2016


Cherry Blossom Lapin
Tinta/digital ©CeciliaReynal 2016


Para algunos ser valientes es animarse a cambiar de trabajo, animarse a hacer "ese" viaje, a dejar la rutina, a escalar una montaña, salvar vidas, aceptar responsabilidades, decir sí, quiero. O decir que no.

La valentía puede entrar en muchos marcos de diferentes realidades y conciencias.

Hoy me toca de cerca, la valentía de abrir el corazón y sostener el vacío que ello a veces provoca. Algunas veces al abrirlo vuelven multiplicadas las energías felices y nos rodeamos de una seguridad y confianza que pensamos ya nunca más nos va a abandonar. Pero quiero decirles, según mi experiencia, que al abrir el corazón, éste continúa expandiéndose y es normal sentir miedo e inseguridad si el camino que se abre es virgen de conceptos y de respuestas, el presente se convierte una hoja en blanco a ser habitada, donde la soledad es la mera compañía y las añoranzas de esos sitios uterinos que nos nutrieron alguna vez, querrán demorarnos y retroceder un poco.

Entonces, siento que, abrir el corazón es una travesía para los valientes. Animarse a saltar a lo desconocido de nuestro propio mundo emocional y explorar qué hay más allá de una cómoda realidad, requiere coraje. Y contar lo que se siente en el trayecto, también. Porque podemos equivocarnos, dudar, perdernos, o simplemente "no saber". Y saber escuchar lo que el otro tiene para decir, también es un arte. El tema es cómo saber si estamos siendo escuchados cuando hay silencio del otro lado, y el eco que regresa es el nuestro.  Sí, a veces el silencio duele y el eco también.

Y me abro, y digo, expreso, e invito a que los otros pierdan el miedo, y digan, cuenten, expresen. No importa qué, ni el cómo. No hay manera perfecta de expresarse cuando somos únicos e irrepetibles criaturas (creaturas) creadas con el sólo propósito de expresarnos en nuestra única y hermosa manera.

Después de todo, la vida es muy corta para andar con tanto miedo.


Be brave.


C.




miércoles, febrero 03, 2016

-SeaOtter in the snow-
Serie Azul
Tinta/lápiz/digital
©CeciliaReynal2016

A veces sólo la vida nos invita a jugar. La seriedad es la enfermedad de la sociedad. 

domingo, enero 31, 2016

miércoles, enero 27, 2016

        

       Ando en un tiempo uraniano. Donde los cambios abruptos e imprevisibles se vuelven moneda corriente.

A veces uno se ve condicionado por lo que le sucede a un par y sobretodo si ese par es el padre de tu hijo y quien recibe propuestas de trabajo en Hong Kong, China, Rusia o Los Angeles.

Pensamos que esta vez nos tocaba establecernos en Argentina. Había surgido un proyecto de cine muy interesante, local y con coproducción francesa. Va, eso creíamos. Pero, como ya dije, ya sea por Urano o porque a veces los argentinos tienen esa manera deliciosa de perderse de la realidad y creer que con dos mangos podés hacer una superproducción al mejor estilo hollywoodense, que "está todo bien", que "después vemos", que "no pasa nada"....pero sí pasa amigo, pasa que algunos egos les encanta mentirse y cegarse frente a un casting prometedor, que antes de sentarse y hacer números están soñando con su foto en la alfombra roja y se olvidaron del proceso hermoso que es fabricar una película de cine y de que al director no le interesa que su nombre salga en primera plana, sino que hace cine por amor al arte. Claro, no todos entienden eso, hasta que por decirlo de alguna manera viene Saturno a pincharte el globo. No, nene, así no vamos a ningún lado. El cine tiene mucha gente sin escrúpulos ni vergüenza y nosotros nos vinimos a cruzar con ellos. Una decepción que nos iba mostrando sus indicios pero a veces es difícil entender semejante pérdida de valores y dignidad.


      Voy a dejar de lado mi jueza interna, y prefiero entonces mirar el porvenir. El porvenir es un libro abierto, miles de guiones por ser leídos y adaptados y miles de destinos posibles en nuestro haber. Pero nada de eso me compete, sino que mi función es adaptarme amablemente al destino de turno. Estar preparada cual soldado paracaidista lista para saltar del avión cuando me den la señal. Y en mi mochila, llevo mis lápices, mis tintas y papeles para no olvidar que mi talento, ya lo dije alguna vez, es lo que siempre viene con migo. Cada vez que migro a otro universo, en lo único que pienso es en poder acomodarme lo más plácidamente con mi pequeño, quien parece casi no importarle tanto viraje repentino. Pero a mí si, y si no lo muestro al principio, en algún momento caigo rendida de tanto estrés y desarraigo. Pero en mi última sesión de terapia, pude llegar a la conclusión que quizás no pertenezco a algún lugar sino las raíces más fundamentales son las que establecemos con uno mismo. Eso. Después, poder volar hacia otros cielos y sentirme en casa, es una virtud en la cual he invertido muchos años de trabajo personal. Miro a la gente, que conserva sus trabajos por 10, 15 o 20 años y siento una extraña contradicción, entre asombro, respeto y asfixia. Quisiera ser como ellos, porque me cuesta aceptar que nuca voy a serlo. Entonces sueño a veces, con asentarme y experimentar la rutina diaria de una vida que vi de lejos y vivi de cerca, que fue la de mi padre, que hoy en día a sus 75 años sigue yendo todos los días a su escribanía, la que compartió con su padre, sentándose en el mismo escritorio, en el mismo 1er piso sobre la misma calle Roque Sáenz Peña,  la misma avenida que converge en el Obelisco, de la misma ciudad del mismo país.

No sé si Argentina me verá partir otra vez, es todo un misterio. Lo que debo hacer es procurar vivir el ahora, como nunca antes porque calculo que a más edad moverse tanto también cuesta. Y cuesta dejar los afectos, claro. Los nuevos, los viejos. Todas las horas de vuelo cuentan. Entonces traigo mi mente que se ha disparado hace un rato ya, e intento concentrarme en mis labores y en mi arte. Ando creando con tinta y melodías mi presente, ando exorcizando recuerdos que se niegan a partir e intento alivianar mi paso. Intento crear sin nombrarme, como me recomendaron la última sesión. Una jugada al ego y a la convicción. Otra vez velocidad cero, dije. Empiezo a creer que crear es renacer. Surgir de las cenizas, con la sonrisa alta, las manos alegres y mis ojos curiosos por ver.


À Bientôt,


C.

jueves, enero 21, 2016


-The Jungle-

Decía Krishnamurti que no es saludable estar adaptado a una sociedad enferma.

Tinta+digital 
Perezoso de Borneo

jueves, enero 14, 2016

Carnet de voyage



Las crisis son llevaderas, y son indefinibles. Alguien dijo, vamos a intentar nombrar estos estados del ser donde la sensación es haber caído en un pozo, tan profundo que es una caída constante. Ya no vemos ni por dónde caímos ni a dónde vamos a parar. La identidad trastabilla con la más mínima ventisca, el orden del Universo está cabeza al suelo y la gravedad parece llevarnos lejos de nuestro centro.

Definir lo indefinible es muy arriesgado, pero somos seres que necesitamos clasificar, ordenar y controlar el saber para justamente no caer en alguna crisis de nervios.

Mi crisis va bien, gracias. Me entregué a la caída libre, y no está mal. Es una linda sensación después de todo. Y lo curioso es que cuando uno más suelta, más contenido se siente. Por quién o qué? Ni idea. Vaya uno a saber, lo cierto es que sucede. Una confianza absoluta en que el proceso debe ser de esta manera y no de otra. Aquietarse, mermar la acción, observar sin juzgar en condicional. Acercarse a la esencia, quizás.

Sin embargo la duda, la duda estará siempre, hasta ante la más acertada certeza. Y está bien así. Por lo menos ya me enteré. Y ante la escasez de certidumbre uno apela a revolver entre sus herramientas y se da cuenta que tan mal no estaba. Que frenar de vez en cuando no significa ser lento, que mirar hacia adentro no significa ser débil y que salirse un poco del mundo no significa perder.

Desaparecer un rato para el afuera puede convertirse en unas vacaciones exóticas y refrescantes para con nosotros mismos. Conectar de a poco con nuestro deseo, respirar aires nuevos, sonreír de verdad. Y a pesar de que estamos un poco a medias en este momento de la vida, por lo menos nos consuela la idea de que el camino que estamos recorriendo es justamente porque no queremos ser seres lobotomizados y manipulados. Estamos en una parada técnica, ajustando los sentidos, calibrando el corazón y ordenando las pasiones para volver al ruedo más conscientes.

Tal vez...


C.










sábado, enero 02, 2016

Alguien dijo, crisis...?

Me pensé exenta de la famosa crisis de los 40. 

Y hoy, después de una seguidilla de estados indefinidos y complicados, me rindo ante la sospecha que sí, me puede estar pasando. De hecho decidí relajarme cómodamente en el sillón de esta supuesta mutación y ponerme a escribir al respecto. Por lo pronto no tener miedo de decirlo y en segundo punto, no creo estar tan loca y controvertida. Paso a ser parte del montón apoyando la teoría. Y aunque no me gusta ser parte de ningún rebaño, esta vez creo oportuno aunarme con la causa. 
Intuitivamente estuve escribiendo al azahar mis estados emocionales, mis cuestionamientos y mis dudas. Ante todo mis dudas. Y me descubro intentando nombrar aquello que no se puede nombrar. Y cuando creo estar vencida por tanto desconcierto el universo me regala amorosamente unas palabras que tal vez definan un poco la etapa en la cual me encuentro.

Una crisis quizás es enfrentarse al miedo. Nuestros miedos. Miedos hay de todos los tamaños, colores y consistencias. Y justamente los miedos prueban nuestra consistencia personal, cómo nos paramos frente a la vida, si un viento nos hace trastabillar, nos aviva o nos apaga. Aprender a manejar nuestros propios miedos nos vuelve maestros del arte de vivir calculo. Cual guerrero enfrentándose a su más temido enemigo. Un guerrero sabe que siempre hay un miedo por vencer. Tomar conciencia de ello lo vuelve presente, vivo, seguro de sí mismo. Y el miedo y el amor van de la mano. Aunque no se tengan mucho afecto, se espejan, se nutren, se miden. No podemos amar incondicionalmente si no aceptamos y conocemos soberanamente nuestros miedos. El amor nos invita a abrir, expresar, decir. El miedo por el contrario nos condiciona a callar, cerrar, ocultar. El miedo vendría a ser un termómetro del amor que no estoy permitiendo entrar en mi vida.

 Y llegando a los 40 me encuentro con una necesidad imperiosa de expresarme, de verme reflejada en eso que creo, en un otro, en el feedback del afuera. Necesito encontrar mi identidad en todo y en todos los que me rodean. Y voy eligiendo según lo que más feliz me haga. Y de alguna manera necesito convidarme, como un proceso de fotosíntesis maravilloso, tomo de la luz la fuerza y la sabiduría, que se transforman en mi alimento, y yo exhalo creatividad que da oxígeno al mundo. Entiendo súbitamente que los seres humanos vinimos simplemente a expresarnos, somos un proceso de combustión constante donde nos retroalimentamos unos a otros.


La vida está para ser saboreada. Admirada, amada. Tomo este momento como una oportunidad fascinante para hacer orden en mi ropero personal. A la basura todo lo que ya no sirve, y dar espacio para lo nuevo, lo que me nutre, lo que eleve la vibración.


Dicen que entre los 35 a los 42 años nos enfrentamos al miedo a perder. Perder qué? A cada uno le pega distinto...perder la juventud, el trabajo, la pareja, la salud...etc. Frente a este miedo la sociedad nos invita a acumular, a tener más de eso que temo perder: más bienes, más actividades rentables, más hijos, más sexo, más músculos o más tetas... Más. Pero nos estaríamos dando cuenta que no sería la solución, no para mí que acabo de decidir no adoptar dos siliconas importadas para aportar curvas al asunto. No por ahora...antes que pasar por el quirófano prefiero tener un "tête à tête" con mi cirujano interno. Y después con más conciencia, veré de qué manera mi cuerpo se amolda a la situación. Pensabas cambiar el auto? Tener un hijo? Invertir más tiempo en hacer el negocio de tu vida? Todo bien, libres somos, sólo nos piden tomar decisiones con conciencia...por ahí vamos...

 Según Roberto Pérez, un genio de la síntesis de todas las etapas de los miedos, esta es la etapa de "atender nuestra interioridad, conocernos más profundamente, buscar el fundamento de nuestras vidas". Esto no se le ocurrió a él un día cualquiera sino que los fundamentos son muchos y muy interesantes por cierto. Lo que puedo comprobar es que este señor pone compresas frías sobre el caos interno de tanta incertidumbre y tanto insólito cuestionamiento. Roberto y yo estamos de acuerdo y eso me trae mucha calma, saber que no estaba tan errada en mi búsqueda. Ingenuamente una vez escribí "la vida tiene maneras extrañas de devolvernos la identidad" sin saber que estoy en plena construcción de la misma a través de un camino fresco, nuevo y amable. Aunque me exaspere su incomodidad.
Sí, me siento muy ingenua por momentos, me enoja no poder controlar el porvenir. Pero agradezco que al no saber qué hacer, entonces me expreso por vías insospechadas y disfruto mucho al hacerlo. 
La sabiduría es la capacidad de saber "saborear la vida" dice mi amigo y yo también. Y para saborearla no hay que "saber" nada. Tan sólo degustar los manjares que ella nos ofrece.

Me deseo liviandad en este proceso, y conquistar aquellos miedos para volver mi vuelo más pleno, libre y amoroso.


un guerrero sabe
que conquistar sus miedos
es abrir
su capacidad de amar
en libertad

Salut!

C.

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  « Me gustan los colores que se funden entre mis manos, como si la vida se derritiera en pequeños ríos de pigmento. Me dejo llevar por líne...