domingo, mayo 29, 2016

Jugar

Solemos evitar sentir nuestra realidad.
Ah si?  (shhh! casi siempre, es un secreto)

Solemos entregarnos a mundos imaginarios, donde somos capitanes de barcos inmensos, atravesando un sin fin de aventuras amables, disfrutamos observar nuestra sonrisa y nuestra convicción de que si alcanzamos todo aquello entonces si seremos felices. Todo esto, lo "pensamos" acostados en nuestro sofá, al final de un día que no tuvo tanto sabor como hubiésemos querido, pero bueno, tal vez mañana si lo tenga y entonces....y entonces otra vez nos descubrimos en este juego de "evitarnos". Sin darnos cuenta hace rato que somos dos, "el que piensa" y "el que vive lo que pensamos". Pero ninguno de ellos somos nosotros mismos! Para cuándo dejar esta dualidad que no nos lleva a ningún lado y menos a disfrutar el momento en el que estamos?
Disfrutar el momentooooooooooooo. (léase como una constancia, el momento-instante que es el único momento presente) no estoy hablando de, soy feliz porque me contestó el whatsapp, o porque conseguí trabajo o porque algo pasó en el pasado que me hace feliz ahora. No es muy contradictorio? Entonces qué estamos haciendo? vamos al pasado a buscar eso que nos "hizo" felices para perpetuarlo en el presente , pero sin darme cuenta evito "vivir" mi presente, se entiende? No importa. Les cuento algo mejor.

He evitado a lo largo de mi vida mi soledad, porque yo "creía", que era muy desolada, muy triste y aburrida por decir alguna cualidad. Me había consolidado a la idea que ser exclusiva a un otro me salvaría de sentirme en soledad. Pero ella no quiso evitarme y me invitó otra vez a transitarla. OK, dije, acepto, me entrego al vacío.
Y pasa el tiempo y aun sigo esperando "sentir" ese vacío. Qué vacío si la soledad está "llena" de instantes?
La soledad es una señora baldeando la vereda, un chico que bebe agua de una fuente luego de un paseo en bicicleta, un perro olfateando el trasero de un otro, una mirada fugaz, unos árboles inmensos que nunca había visto, que me paren por la calle y me pidan un cigarrillo en inglés. La soledad me encanta! La soledad está llena! Y a mis 40 años vine a darme cuenta? Sí, a mis 40 años me animé a animarme a enfrentar una de mis tantas creencias que me tenían agazapada en el sótano de mis posibilidades. Salir de mi zona de confort, lo llamo.
Y lo más curioso es que cuanto más en compañía estuve a lo largo de mi vida, más sola me sentí, o mejor dicho no me sentí tan en paz. Quizás porque tenemos tanto miedo de perder esa compañía que nos "protege" de sentirnos "solos", que al final no nos damos cuenta lo "poco" que estamos viviendo, no vaya a ser que si vivimos intensamente perdamos ese"otro". Ahí es cuando me di cuenta que me estaba evitando. A mi propia vida. Qué curioso.
Somos un devenir de experiencias. Quizás me he dado cuenta que animarse a vivir los miedos es tan sólo abrir puertas para continuar experimentándonos, a través de nuevas experiencias. No somos estáticos, por lo tanto puedo saberme una alumna en constante movimiento y en diferentes escuelas.

Es tan fuerte descubrir nuevas formas de ver la vida que se necesita un descanso para poder aprehender todos los sucesos que van apareciendo. Necesité ausentarme del mundo pero no de mí, y eso sí que es interesante. Y mis miedos aparecen (qué curioso) intentando retenerme para volver a aquello que me daba más seguridad. Pero cómo? no estás dibujando? Qué pasó? Se terminó tanta inspiración?
Tranquila.
Estoy respirando estos nuevos aires, y estoy comprendiendo con mi mente finita que para poder crear constantemente debo de olvidarme de misma, debo dejar de ser un sujeto importante al cual le "pasan" cosas. Al cual le ponen likes en Facebook o en Instagram porque "les gusta" lo que dibujo.
Estaría intentando ser. Pero claro, eso no se intenta. Se es o no se es.
Entonces no sólo la soledad fue la protagonista en esta historia. Mi hijo Camilo de 7 años me enseña con esa pureza maravillosa que tienen los niños que para jugar en la vida tenemos que estar presentes, y que para estar presentes debemos de alguna manera olvidar el adulto que somos y para olvidar el adulto que somos debemos olvidarnos de saber quiénes somos. WOW.
Cuando uno juega, no hay un YO jugando. Sino el JUEGO mismo. No hay sujetos. Esto se aplica para un juego con legos, pelotas, mundos invisibles o para la VIDA misma.
Hoy me toca transitar este aprendizaje, y lo agradezco amorosamente y no veo la hora de jugar. Puedo comprender porqué los niños sólo quieren jugar. Qué maestros! Porque de eso se trata vivir. Ahora mi trabajo es encontrar esa niña que dejó de jugar hace rato. Porque hubo un momento que no supo cómo. Y quisiera recuperarla y construir el puente que alguna vez se rompió entre su edad adulta y su infancia. Tal vez mis padres no supieron cómo perpetuar el juego, porque a ellos tampoco les enseñaron. No importa. Importa que no quiero que mi hijo se olvide de jugar. Nunca. Esa es mi tarea que mágicamente es la respuesta a mis propios acertijos. (claramente cuando uno se formula una pregunta es porque la respuesta no está lejos).
Y al final me pregunto, y para qué escribo? Es que no lo sé. No tengo la más mínima idea. Tal vez es mi forma adulta de jugar, enterarme de las cosas a través de lo que me cuento, para mañana o incluso hoy siquiera olvidarlas.
(Sólo sé que cada vez menos sé. Me lo sopló Sócrates, él si que sabe)


;)

C.




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