Porque te dan ganas de escribir nomás.
Porque es tan espeso el silencio que parece que alguien te susurrara al oído estrofas que no terminan nunca. Pero terminan cuando empezás a escribir. Y entonces, ese grillo que ahora lo escucho y los perros, qué no sé que les pasa, me distraen o me atraen hacia mundos nos tan lejanos pero conocidos. Una noche más, una segunda noche de esas que no te vas a olvidar nunca. De un verano que se va, de una tormenta arrepentida y una luna que no deja de amenazarnos atiborrada de luz y de eclipses y equinoccios y todo es tanto que no alcanzo a ponerme al día o ponerme certera quizás (el estado de incertidumbre en realidad puede no ser feliz como serlo) Es como un estado intermitente entre el pasado y el futuro. Me quedo en el presente, en mi piel, con todo lo que somos hoy, ella y yo y estamos bien.
Dale, seguí caminando, ya te dije, no mires atrás, valijas a medio hacer para llegar a ningún lugar, para seguir viajando, para hacer y deshacerlas una y otra vez y tal vez cambiar de atuendo, cambiar para darme cuenta que sigo siendo la misma, sólo eso. Que no es poco. Y me gusta. Respirar profundo como si nadie me viera, sin pedir permiso, sin ser registrada. Sin dar explicaciones, ni excusas, ni respuestas. Porque sí. Porque ahora la libertad la respiro entera, y es mía, y porque si antes no lo sabía, ahora lo estoy aprendiendo de a poco. Y qué? soy esto. No está ni mal ni bien. Esos pasos que aún o di, me despiertan curiosidad y euforia. Una página de cualquier color, me da igual si total tengo todos los pigmentos para trazar la realidad que quiera. Un fuego, un vino, más grillos, la luna que me espía de cerca y estrellas muchas...los perros?
En silencio,
como yo.
Porque es tan espeso el silencio que parece que alguien te susurrara al oído estrofas que no terminan nunca. Pero terminan cuando empezás a escribir. Y entonces, ese grillo que ahora lo escucho y los perros, qué no sé que les pasa, me distraen o me atraen hacia mundos nos tan lejanos pero conocidos. Una noche más, una segunda noche de esas que no te vas a olvidar nunca. De un verano que se va, de una tormenta arrepentida y una luna que no deja de amenazarnos atiborrada de luz y de eclipses y equinoccios y todo es tanto que no alcanzo a ponerme al día o ponerme certera quizás (el estado de incertidumbre en realidad puede no ser feliz como serlo) Es como un estado intermitente entre el pasado y el futuro. Me quedo en el presente, en mi piel, con todo lo que somos hoy, ella y yo y estamos bien.
Dale, seguí caminando, ya te dije, no mires atrás, valijas a medio hacer para llegar a ningún lugar, para seguir viajando, para hacer y deshacerlas una y otra vez y tal vez cambiar de atuendo, cambiar para darme cuenta que sigo siendo la misma, sólo eso. Que no es poco. Y me gusta. Respirar profundo como si nadie me viera, sin pedir permiso, sin ser registrada. Sin dar explicaciones, ni excusas, ni respuestas. Porque sí. Porque ahora la libertad la respiro entera, y es mía, y porque si antes no lo sabía, ahora lo estoy aprendiendo de a poco. Y qué? soy esto. No está ni mal ni bien. Esos pasos que aún o di, me despiertan curiosidad y euforia. Una página de cualquier color, me da igual si total tengo todos los pigmentos para trazar la realidad que quiera. Un fuego, un vino, más grillos, la luna que me espía de cerca y estrellas muchas...los perros?
En silencio,
como yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario