viernes, noviembre 19, 2010

Avanzando en el mismo lugar

Un 18 de Noviembre cualquiera, o no tanto. Un 18 de noviembre el cual pasé la noche en vela entre la fiebre de Camilo y mis dudas existenciales. Entre hacer las valijas y sacar un ticket de ida o resistir un poco más a tanta soledad, o eso es lo que yo creía.
Me sequé las lágrimas. Eran las ocho de la mañana, frío seco, sacar a Camilo a la intemperie con 38º de fiebre para llevar a su hermano al colegio. Agradecer de ser testigo de tan bella mañana y grandiosa luz que endulzó amorosamente mis pesares.
Aunque no había dormido bien, una paz extraña me tomó por sorpresa y pude ver más claramente los infortunios de la noche anterior. Qué tonta!, qué desgaste de energía. ¿Por qué estoy empecinada en discutir por nada? ¿Qué te pasa Ceci? estás a tiempo de darte cuenta, vamos.
Bajo del auto, rompo en llanto una vez más, enfrente de un marido desconcertado pero contenedor. Esta vez me dejo llevar por la emoción y la dejo salir en vez de controlarla y procesarla con mi mente para después escupirla con palabras vacías e inútiles. Silencio. Un silencio compartido, respetado, necesario.  Respiro conscientemente, todo está bien como está, me digo. Cualquier decisión vendrá en el momento indicado.


Sé que es un día importante. Es el día en el cual voy a conocer a Isabel. Isabel vino a tomar el té a casa apenas me instalé en Vestric unos siete meses atrás. Cada una sabía que nos interesaban las mismas cosas, ya sea pintura, arte, yoga, espiritualidad: sabíamos tácitamente que teníamos mucho de que hablar. Pero parece ser que no fue el momento indicado, vaya uno a saber porqué.  En el instante que nos sentamos a tomar el té, ella recibe una llamada diciendo que sus dos perros Rottweiller se habían escapado en medio de la tormenta, y que se acercaba la salida del colegio lo que podía desatar una catástrofe canina. Con el té humeando sobre la mesa y sin haber probado bocado de ni siquiera una Navette de Marseille, salió como una ráfaga de viento y nunca más la vi. Hasta ayer, 18 de Noviembre de 2010.
Y todo esto se lo debo a Karima, algo así como mi ángel guardián, un ser tercamente perseverante y altamente positiva.  Y porque ambas tenemos a Karima en nuestras vidas, Isabel y yo nos reencontramos.  Porque fue un reencuentro de Almas, porque ya nos conocíamos de supongo otras vidas y muchas vivencias pasadas.
Este reencuentro es el principio de algo maravilloso que ya está pasando. Créanme, a muchos les va a suceder lo mismo. Son épocas maravillosas para los que se animan a seguir a su corazón.
Este 18 de noviembre me encontré con dos seres luminosos y con migo misma. Y lo agradezco tanto!
Hacía tiempo que no me sentía tan yo. Hacía tiempo que no sentía tanta energía en mis venas, tantas ganas de proyectos, y tantas ganas de quedarme exactamente en donde estoy, con quien estoy y de seguir disfrutando del presente, en donde se encuentra todo su misterio.
Y cada vez que un  encuentro de Almas sucede, nuestra vibración se eleva así como también la de quienes nos rodean. No es casualidad que Camilo tenga fiebre. No es casualidad que haya leído que el 18 de noviembre era un día energéticamente especial y no es casual todo lo que nos pasa. Confiemos! :))


Enhorabuena! ©®

Pintar es un juego serio

  « Me gustan los colores que se funden entre mis manos, como si la vida se derritiera en pequeños ríos de pigmento. Me dejo llevar por líne...